Rober


Dado que en la tele y en los periódicos salen siempre los mismos, tocará abrir de vez en cuando ventanas a los invisibles del mundo. Todo está sostenido por la vida y por un buen número de seres anónimos, esos que nunca verás porque los esconden para que no los veas.

¿Qué decir de esta foto? Fue un regalo poder hacerla hace justo un año por estas fechas, respiré "su" silencio cuando la estaba haciendo, me pareció que en ese momento él salía de ese cuadro en la pared, igual que cuando sacan a un santo de una hornacina.

Rober tiene el semblante atravesado por algo eterno, conozco a pocos seres así, a muy pocos.

Es verdad que a Rober casi no se le entiende cuando habla, y no es que hable mal por ser síndrome de down, es que Rober habla una lengua muy antigua; lo antiguo no es lo viejo, lo antiguo es lo que casi no puede ser catalogado.

Parece como si al rostro de Roberto le hubieran desposeído de toda forma conocida, por eso se puede ver en él la huella de lo que nunca pasa, la pureza del olor de la eternidad.

Roberto es mi primo, nuestros abuelos eran hermanos, siempre que nos vemos se dirige a mí de una forma muy especial, me llama “Ajalú”, me encanta ese nombre, y más ahora que parece que todo lo árabe lo quieren borrar del mapa.

Está posando Rober para la foto junto a un ventanuco donde hay dispuestas unas teselas romanas, unas teselas aparecidas en un pueblo del noroeste de España.

Como añadido a la foto de Roberto, estas tres canciones que guardan un ‘secreto orden escondido’, las canta Juan Hedo, músico y poeta castellano de gran talento, es una grabación de hace unos años, la última canción se corta cinco segundos antes del final, la palabra que no llega a escucharse es la palabra "amar", curiosamente. Casi toda la música que ahora se escucha es ‘súbeme la radio’ y similares, por eso viene bien lanzarse a cruzar otros mares. Juan canta al margen de las modas y al margen del tiempo que marca el reloj. Juan es hijo de Jesús Hedo, poeta y amigo desde hace ya muchos años. Jesús soñó un día cuando era niño (allá en su pueblo natal de Soria), que algún día llegaría a dar clase en el mítico instituto de Segovia donde hace tiempo dio clases Antonio Machado. Y así sucedió, y es que a veces la vida permite que estas cosas se puedan cumplir, aunque es preciso recordar lo que dice Mooji en esta frase genial que hay que acoger con toda la ironía y con todo el humor del mundo: “La vida no es tan cruel como para permitir que se satisfagan todos tus sueños”.