El Gran Silencio



Hoy hace diez años que murió mi madre, un tiempo más que suficiente para poder ver si hay ‘algo’ que se haya ido destilando en todo este tiempo. Y sí que lo hay. Lo que se ha ido destilando es una enseñanza muy sencilla, una enseñanza que hoy me atrevo a poner en palabras a pesar de que la enseñanza en sí llegó sin ninguna palabra. La desnudez para esta investigación ha sido total, y lo sigue siendo.

Parece que sabemos algo sobre la muerte, sin embargo apenas sabemos nada, hay científicos que dicen que en treinta años la muerte física estará superada pero de eso hay que desconfiar, y es que antes de superar algo primero se ha de saber qué es ese algo, y sobre la muerte no sabemos prácticamente nada, y no sabemos casi nada porque es la mente la que intenta desentrañar lo que es la muerte; nunca la mente limitada podrá conocer ese vasto e ilimitado territorio que es la muerte, por eso lo mejor es situarse como el que nada sabe, así es como me he vivido en todos estos años.

La muerte no se puede comprender con la mente, la muerte excede con mucho la capacidad del conocimiento del que disponemos; como la muerte no se puede comprender a través de la mente, la mente tiende a llenarse de miedo a lo desconocido, y es que todo lo que no comprendemos nos sitúa siempre cerca del miedo; la “M” de muerte se convierte en “M” de miedo, cuando bien podría convertirse en “M” de misterio. La muerte es un misterio, un gran misterio, jamás un misterio puede ser comprendido, con los misterios no se puede hacer nada, absolutamente nada, si acaso contemplarlos. 

Todo lo que piensas que eres morirá, eso que piensas que eres es algo que nace en el tiempo y que muere también en el tiempo. La muerte no tiene nada que ver con las creencias, las creencias son las que construyen las películas alrededor de la muerte, pero la muerte no es ninguna película, si acaso la muerte es el fin de todas las películas.

En la muerte lo único que muere es el "yo", y es que el cuerpo parece que muere pero en realidad no muere ya que simplemente sufre una transformación, y por supuesto la Conciencia no muere porque su naturaleza es inmutable. 

Antes del nacimiento del cuerpo físico no había un “yo”, no había persona ni personalidad, después de la muerte del cuerpo el yo se disuelve, por eso se puede decir que vamos al lugar de donde vinimos, vinimos del Vacío y hacia el Vacío nos encaminamos, es tan sencillo que casi asusta de lo simple que es. Y no es que vayamos viajando hacia ese Vacío, es que estamos ya en Él. Ese vacío no es algo tétrico o aniquilador, ese Vacío está a rebosar de puro Amor incondicional. Y eso está aquí ya. Y nos inunda.

Todas las teorías sobre la vida después de la muerte no son más que simples montajes del yo para poder seguir viviendo. Después de la muerte ya no hay historias que tengan que ver con esta vida en la forma, después de la muerte sobreviene el Gran Silencio. El “yo” es una forma y con la muerte del cuerpo todas las formas se disuelven. La muerte es la plenitud y la plenitud no incluye ya a la persona. La Vida puede vivir sin ti. 

Antes de nacer ya habías nacido. ¿Cómo pude ser eso? Sí, antes de nacer ya habías nacido porque la Conciencia no nace cuando el cuerpo nace; en el momento de nacer no nace la Conciencia, la Conciencia ya Es sin tener que nacer; tampoco la Conciencia muere cuando el cuerpo muere. En el momento de nacer la Conciencia ya está y cuando el cuerpo muere esa Conciencia sigue estando. En el momento de morir la Conciencia no muere porque nunca nació, y lo que no nació no puede morir. La Conciencia no está sometida al nacimiento y a la muerte. La Conciencia es siempre y en todo momento, la Conciencia es siempre más allá del tiempo y del espacio. La Conciencia es eternidad. Es eternidad lo que somos. La Vida es eterna y nosotros somos la esencia de esa Vida eterna que es el fundamento de todo lo que conocemos. 

No habitamos dentro de una realidad que tengamos que comprender o desentrañar, habitamos dentro de un inmenso Misterio, el Misterio de la Vida, un territorio simple y estable que nos dice que la naturaleza de lo que somos está siempre más allá del entendimiento.

Los vivos y los muertos tienen la misma Vida. Un vivo no tiene más vida que un muerto, un muerto no tiene más vida que un vivo. La Vida es la misma para todos ya que Todo es Vida. En realidad los muertos no mueren porque están inscritos siempre dentro de la Vida. Los vivos y los muertos están por igual viviendo en el gran útero de una Vida que nunca acaba.

Para el que sabe que todo es Vida, la muerte no tiene ya ningún significado.

Todo es una Fuente que mana, no hay nada más que esa Fuente, su agua clara se vierte por todos los rincones.