La era del conceptualismo


Además de estar viviendo una época con un evidente exceso de psicologización, ahora estamos viviendo también una época llena de conceptualismo.

Unas breves pinceladas para los que no hayan oído hablar sobre el exceso de psicologización. El exceso de psicologización nos lleva a lo siguiente: si por lo que sea pasas un par de días triste y se lo cuentas a alguien, puede que te recomienden ir al psicólogo, al psiquiatra, que te lo hagas mirar urgentemente -te dicen- no siendo que estés pasando por una depresión y no te hayas enterado, también te dirán que te mediques lo antes posible, vamos que te vuelven loco, cuando lo más normal es admitir que la persona sufre todo tipo de vaivenes y que lo mismo que llegan días alegres, pueden venir también días tristes, que no pasa absolutamente nada por estar un par de días triste, la tristeza vivida con entrega deja un poso dulce en el corazón, un poso que luego puede ayudar mucho en la vida.

El exceso de psicologización referido a esta persona que ahora escribe, lo pude comprobar a través de un psicólogo hace ya mucho tiempo; era evidente hace casi ya cuarenta años que algo me impulsaba a intentar cosas diferentes en la vida, aquel psicólogo al que conocí me dijo que eso podía deberse a que yo era en realidad un inadaptado, también me dijo que intentar hacer algo diferente en la vida podía no ser más que un deseo de huir; aquellas palabras ‘psicologizantes’ las arrojé -con mucho respeto, todo hay que decirlo- al río Manzanares ya que era Madrid la ciudad donde yo vivía entonces. Ese psicólogo quiso definir un proceso que era y es sagrado, sagrado quiere decir que ese proceso no estaba ni está dirigido por la mente pensante, luego si no lo dirige la mente pensante, tampoco una mente pensante lo puede analizar y mucho menos analizarlo a la ligera. Es muy fácil catalogar y encasillar, es muy fácil, pero ese juzgar y encasillar no sirve realmente para nada.

Con el conceptualismo pasa exactamente lo mismo que con el exceso de psicologización, ahora mismo lo estamos reduciendo todo a conceptos, pueden ser conceptos religiosos, científicos, por supuesto conceptos filosóficos. Cada vez hay más personas literalmente colgadas de los conceptos y sobre todo de las palabras que definen esos conceptos.

El conceptualismo son proyecciones mentales, y se puede decir con mucha más claridad: el conceptualismo son pajas mentales, pajas mentales que lo que hacen es elevar a la mente humana a la categoría de diosa universal, cuando resulta que la mente humana no es más que un software hackeado, la mayoría de las veces un software hackeado por nosotros mismos. El cerebro pensante es un software hackeado porque vive todo el tiempo dentro de una ficción que le hace decir "yo soy real", pero todo indica que esa mente pensante, ese yo, no es real, parece real, pero eso no quiere decir que lo sea.

Antes de conocer algo a fondo, tenemos tendencia a creernos las palabras que nombran ese algo. El conceptualismo es vivir colgados de conceptos y de palabras que en realidad no valen para nada. Algunos ejemplos prácticos: no sé la de veces que se repite en los medios de manipulación de masas “el concepto de Estado”, un concepto que no es otra cosa que un invento semántico para mantenernos a todos esclavos; ya no digamos nada del “concepto de Dios”, Dios precisamente no es un concepto, y si es un concepto ya no es Dios. ¿Y el concepto de modernidad? ¡Menuda sandez! 

Detengámonos un momento en "el concepto de vida". Se considera que una lechuga tiene vida porque tiene células, sin embargo se considera que una piedra está muerta, se dice además alegremente que la piedra es algo muerto sin que nadie se pare a ver que esa piedra en realidad está llena de átomos y de electrones; según el concepto de vida (algo del todo arbitrario como se puede ver) los átomos y los electrones de la piedra no son vida, es decir que los electrones de la luz tampoco son vida, los átomos de nuestro cuerpo tampoco serían vida según este concepto erróneo. Esto enlaza directamente con "el concepto de ciencia". Hace unos días escuché a alguien que hablaba incluso de la ciencia de la conspiración, el que lo decía lo hacía para distinguirla de la simple conspiranoia. ¡No me hagas reír por favor! Es como aquel profesor de psicología que todo serio nos dijo en clase hace ya muchos años que teníamos que tener en cuenta que la psicología era una ciencia. ¿Una ciencia? ¿Quieres decir que las elucubraciones mentales de un tal Sigmund Freud han pasado a ser algo científico? No nos tomes el pelo. Se eleva algo a la categoría de científico cuando ese algo se quiere imponer a los demás, y es que si lo analizamos bien todo es ciencia y nada es ciencia. No hay nadie que pueda decir “esto es ciencia”, lo mismo que no hay nadie que pueda decir “esto no es ciencia”.

La era del conceptualismo quiere decir la era de la construcción de cosas muertas ya que el concepto es algo muerto; esta época que nos está tocando vivir es la época del "yo" que no puede vivir sin conceptos, de hecho uno de los conceptos más preocupantes es precisamente 'el concepto del yo'. El 'yo' se considera a sí mismo un objeto separado del Todo, de la Totalidad, pero es que nada está separado del Todo; el cerebro lo que hace es construir un ente artificioso llamado "yo". Cuando el yo finalmente muere, se descubre que no hay un significado oculto en todo lo que pasa, sino que simplemente pasamos a ver sin más eso que pasa; cuando en todo hay un significado oculto, es el yo el que aún se otorga el derecho de interpretar, cuando vemos simplemente lo que pasa, estamos ya en el estado de contemplación, el estado más pleno desde el que mirar la vida.

Usamos conceptos porque no conocemos, conocer es desentrañar algo en su máxima profundidad; cuando conoces, entonces ves, y cuando ves ya puedes ‘ser’, ser conscientemente es vivir la vida en su máxima profundidad. Para ver, para conocer, no necesitas de la mente pensante, ves y conoces cuando las cosas llegan a través del rayo de la intuición, algo que no tiene porqué pasar a través de la mente mecánica.

El 'ser' no necesita conceptos de ninguna clase, y es que del ser emana todo sin necesidad de palabras.