Filosofía, sí, filosofía



-¿De verdad sirve la filosofía?

-Quizás no sirva para algo que puedas medir, pero es claro que la filosofía sirve para la vida.

-¿El pensamiento se entrena? 

-Sí, claro que se entrena. 

-¿Y la voluntad? 

-También. Pero aunque el pensamiento se entrene, y aunque también la voluntad se pueda entrenar, el pensamiento no depende de ti, la voluntad tampoco. 

-¿No?

-No. Tener control sobre los pensamientos es una cosa, ser dueño de ellos es otra muy distinta. Se puede decir con palabras aún más claras: no somos dueños de los pensamientos que tenemos, tampoco somos dueños de la voluntad. Hay una deformación a la hora de concebir lo que acontece. Eso que acontece lo vemos como sucesos individuales, como algo que nos sucede a nosotros, pero no se trata de sucesos individuales, se trata de sucesos universales, mejor aún, se trata de un sucederse dentro de la Totalidad. Lo que sucede está sucediendo en el Todo, por eso no hay nada que suceda individualmente.

-Entonces, ¿el libre albedrío? 

-¿Cómo va a haber libre albedrío si no somos dueños de los pensamientos ni tampoco de la voluntad? Albedrío hay, pero no libre.

-¿Dónde queda entonces la libertad?

-La libertad es una idea, y como idea que es, es falsa. Mira, cuando parece que estamos tomando una decisión, en realidad no es así, cuando crees que estás tomando una decisión como un cuerpo y una mente específicos, piensa que es en la Totalidad donde todo se desencadena, donde todo acontece. Nunca hay sucesos aislados ya que todo forma parte de una inmensa proyección cósmica indivisible. Lo que es libre es el Todo, no las partes. El origen de todo es Dios, todo le sucede a Dios, todo ocurre en Dios. Si existe el nivel de lo Absoluto, no puede haber entidades individuales.

-Entonces, ¿de qué vale la educación que tenemos? 

-Te puedes imaginar que vale de muy poco. La educación actual lo que hace es apuntalar a eso que llamamos persona o personalidad, que no es otra cosa que apuntalar el fantasma de la individualidad. La perpetuación de eso que llamamos persona o personalidad es la verdadera fatiga de nuestra civilización. Estamos saturados de persona, estamos empachados de personalidad. 

-¿Qué supone entonces la filosofía llevada hasta sus últimas consecuencias? 

-Supone el fin del intelecto como supremacía. Es la vida la que está por encima de todo, no el intelecto.

-¿Qué piensas de la reencarnación?

-Volvemos a lo mismo. Si te ves como una individualidad tenderás a pensar que vas a vivir sucesivas reencarnaciones, pero si te vives inscrito en la Totalidad, habrás de verlo de manera muy distinta. Cuando una persona muere, eso que llamamos persona se disuelve, la persona y la personalidad quedan fulminadas por el rayo de la muerte, no así la conciencia, es decir Dios, el Todo, que es lo que de verdad permanece. La idea de la reencarnación nace porque nos sentimos divididos, si nos viviésemos como Una Cosa Única, nunca pensaríamos que es ‘lo individual’ lo que se reencarna, si acaso lo que está todo el tiempo ‘migrando’ es Dios, la Totalidad, pero nunca el individuo, lo individual. En la Totalidad no hay muerte, tampoco hay nacimiento. Lo que no nace no puede morir, lo que no nace no puede reencarnarse. Lo que de verdad somos no tuvo comienzo, tampoco tendrá fin.



(Parte de un chat con un amigo, hace unos días).