Los distintos grados de la plegaria



Más o menos sabíamos ya que la oración tiene distintos niveles, pero creo que nunca nadie lo había explicado tan bien, un texto para ser leído con mucha atención:  

“La plegaria que pide lluvia para las cosechas o incluso el pan nuestro de cada día es el nivel más elemental de la oración, el mérito de esta oración es que reconoce la existencia de la transcendencia divina ya que nos dirigimos a un Dios que está más allá de las formas, más allá de lo visible. Es la forma de oración que está asociada con la creencia. 

Hay una tradición de la India que dice que después de pasar múltiples vidas orando de esta manera, al final Dios, yo no sé si por aburrimiento o por piedad, finalmente envía a este buscador de sopa o de dinero la gracia mediante la cual busque la verdad en vez de buscar algo, porque se trata de buscar a Dios, no de buscar cosas. 

El nivel superior de la oración no es “Dios dame alguna cosa” sino “Dios date Tú a mí”; yo no quiero una cosa, quiero Dios. Esta oración quiere decir que me intereso menos por las cosas y más por Dios. En otras palabras, en lo que concierne a las cosas “hágase Tu voluntad Señor, a mí me da igual, lo que me interesa eres Tú”. Dios prefiere esta forma de oración e inmediatamente Él o Ella envía su gracia, no hay que esperar durante miles de vidas. 

Se trata de saber qué es lo que uno quiere para pedir directamente lo que se quiere. Si se quiere algo diferente de Dios uno pide esta cosa pero lo que obtendrá no será a Dios. 

Dios está dispuesto a darse pero espera que se lo pidamos porque es educado, no va a imponer cosas que no se le han pedido y que de hecho la gente no querría. Por ejemplo, una reunión como esta para aquellos que les gusta está bien, es perfecto, no quisieran estar en otro lugar, en el cine o en un concierto. Pero para aquellos que no están interesados no hay nada que toque más las narices, es un suplicio. En una época de mi vida en la que no estaba interesado por la verdad, si me hubieran traído a un sitio como este habría explotado. Es la razón por la cual, como Dios es amable y educado, no quiere imponerse a aquellos que no lo desean. 

Después, cuando la conexión se establece con Dios en nuestro interior, la oración “Dios entrégate a mí” o “no deseo más que a Ti” pierde su sentido, ya que no tiene sentido el pedir aquello que ya hemos recibido. Así que llega un momento en el que Dios dice: “¡Para ya! Deja de pedir lo que ya has recibido. Deja de buscar aquello que ya eres”.

No es que en tanto que individuo seamos Dios sino que en tanto que individuo no somos nada y Dios lo es todo. Esto incluye este cuerpo, la mente, los pensamientos, las experiencias que tenemos, todo. En nuestra ausencia está la presencia de Dios.

La verdadera oración ni tan siquiera dice “yo no soy nada” porque para decir que yo no soy nada hace falta que haya alguien. La verdadera oración no dice nada. Si no soy nada no digo nada, no hay nada que decir. Nada, nada, nada, nada, nada… que decía San Juan de la Cruz”.



Francis Lucille 

Transcripción de los diálogos del retiro con Francis Lucille. Barcelona, del 8 al 14 de enero de 2012. 




La imagen de la portada corresponde a una pintura de William Dyce.