No digamos “Estado del bienestar”, mejor decir “el bienestar del Estado”.



Con dos casos muy concretos vamos a poder ver que cuando se dice “Estado del bienestar” en realidad se está queriendo decir “el bienestar del Estado”.

CASO NÚMERO UNO: en el reciente vendaval en España por las cláusulas suelo, el Estado quiere ‘mediar’ con un proyecto de ley entre los bancos y la gente. No quiere mediar, quiere manipular. Lo primero es que el Estado va a sacar tajada porque parte de lo que la gente ingrese lo tendrá que pagar a Hacienda, es decir al Estado; lo segundo que dice el Estado es que al mediar él en el conflicto se evitará un atasco por demandas en los juzgados, cuando lo que el Estado pretende es librar a los bancos de pagar las costas porque casi todos los bancos perderían en los juicios con los clientes; tercero, quiere el Estado que toda la maniobra de devolución se ejecute de forma rápida para que los bancos no tengan que pagar más por intereses; cuarto, fue el Estado el que presionó a los jueces para que dijeran que los bancos sólo tendrían que devolver el dinero a partir de mayo de 2013 y no desde la fecha en la que se firmó cada hipoteca; quinto, el Estado va a posibilitar que los bancos devuelvan lo que deben también a través de productos financieros, por eso mi amigo Charly dice que entonces podremos pagar la hipoteca también nosotros a los bancos con productos nuestros: alguna longaniza, algún chorizo… Mucho chorizo, sobre todo mucho chorizo.


CASO NÚMERO DOS: lo ha escrito hoy mismo de forma brillante el gran filósofo español Félix Rodrigo Mora en su página de Facebook. Lo titula “El Estado nos salva…también del tabaco”. Dice así: "Según la fe progresista el Estado es el redentor del pueblo, el que le libera de todos los males, particularmente en la forma de Estado de bienestar, o Estado dador de la felicidad al pueblo... Así las cosas, se nos dice que gracias a la ley antitabaco el número de fumadores ha descendido del 38% en 2003 al 31% en 2013. El diario El País, siempre dispuesto a atropellar la verdad y el sentido común, titula un editorial "Leyes que cambian la vida". Pero veamos cuáles son los hechos. El Estado impuso el monopolio del tabaco en el año 1636, de manera que es el primer interesado en que sea consumido al por mayor. Hoy recauda por su venta unos 9.000 millones de euros anuales. Es, por tanto, el Estado el que ha creado el tabaquismo, y el responsable principal de las 60.000 muertes anuales que aquel vicio ocasiona. Dicho a lo claro: el ente estatal se lucra con la enfermedad y la muerte de las personas, por lo que lleva siglos promoviendo el tabaquismo, de muchas maneras. El asunto es tan escandaloso que sacó la ley antitabaco para lavar la cara a su codicia criminal. Dada la situación de desintegración de la sociedad y la persona que vivimos, lo que está sucediendo es que el tabaco en tanto que droga está siendo sustituida por otras drogas, de ahí que el uso de aquél tiende a caer, en lo que muy poco o nada tiene que ver la ley antes citada. El diario del progresismo (el diario El País) lo reconoce implícitamente en otro editorial, "Más drogas, más accidentes", en el que señala que el aumento del número de percances mortales en las carreteras en 2016 está relacionado con el incremento del consumo de drogas. La situación del sujeto medio hoy es tan desesperada que a menudo se quiebra su voluntad de vivir y tiende a acudir a todo tipo de sustancias adictivas y estupefacientes. No hay, por tanto, avance sino retroceso. Las leyes actuales, como intervenciones del ente estatal, lejos de arreglar los problemas los mantienen y empeoran".