La lección de la muerte


Hace unos días a la madre de un amigo le dijo su médico que le queda un año de vida. Desde el punto de vista humano –desde el punto de vista de las formas externas- esas palabras del doctor están revestidas de una cierta imprudencia ya que nadie, absolutamente nadie, sabe el tiempo que le queda de vida a esa mujer, mejor dicho el tiempo que le queda de vida al cuerpo de esa mujer, por cierto una mujer muy valiente que está llevando su enfermedad de una forma admirable; además las palabras del doctor han ‘negativizado’ profundamente el espíritu de esa familia, una familia que está lógicamente trabajando –y de una forma muy intensa- en torno a la enfermedad de esa madre, cuando digo trabajando quiero decir buscando tratamientos que ayuden en el duro proceso que dura ya varios años. Cuando el doctor estudió en la universidad seguramente le enseñaron casi todo sobre el cuerpo, pero muy poco o nada sobre el Ser, sobre la Conciencia, lo que quiere decir que el médico atesora grandes conocimientos científicos, pero muy poca sabiduría para encarar ciertas situaciones de la vida de forma profunda.

Pero vamos a pensar que sí, que el médico tiene razón y que a esa mujer enferma le queda un año de vida. Vamos a aceptarlo. Ahora se trata de analizar la cuestión con la máxima profundidad. A quien le queda el año de vida es a la persona, a la personalidad, pero no al Ser, y es que el Ser vive al margen del tiempo y de las circunstancias; es la mente la que ve en ese año de vida los retos, las posibilidades, también las angustias y los miedos, pero el Ser no necesita ese año de vida porque el Ser no necesita tiempo por delante, el Ser no tiene que llegar a ser nada pues ya lo es todo. Habiendo aclarado esto desde el principio, habiéndolo nombrado con absoluta claridad, se hace del todo necesario que la enferma, lo mismo que el médico, así como los familiares y los amigos, tomen conciencia de lo que es la muerte. Es necesario aprender a morir, pero no aprender a morir físicamente, sino aprender a morir a través de esa visión profunda y sagrada que tiene la vida. Si no sabes lo que es morir, vas a vivir en una angustia permanente.

Si antes de nada no hay muerte a todo lo psicológico, la muerte física se convertirá en un drama, pero cuando la muerte a todo lo psicológico se ha dado ya, entonces la muerte física es un mero trámite.

Lo que ese doctor tendría que haber hecho a la vez que hizo el anuncio del año de vida que le queda a esa mujer, es haber hablado de lo más verdadero que tiene la vida, haber hablado con total delicadeza pero con absoluta claridad y decir que sí, que el cuerpo se apaga pero que el Ser sigue viviendo, la Conciencia dispone de vida aunque ya no haya cuerpo, eso es hablar con pleno conocimiento, eso es nombrar lo más verdadero, eso es nombrar también la suprema Belleza de la Existencia, todo lo demás son aspectos superficiales, aspectos en los que a menudo se pierde la mente mecánica que no es más que una simple jugadora de cartas.

¿Y cómo sabemos que la Conciencia sigue viviendo sin el cuerpo? Es relativamente fácil darse cuenta. Cuando dormimos no hay cuerpo, solamente hay Conciencia, también en estados de vigilia se puede comprobar, y es que en multitud de momentos a lo largo del día no somos conscientes del cuerpo, sin embargo la Conciencia está presente. Cuando no somos conscientes del cuerpo es cuando 'se ve' que sólo hay Conciencia.

Los que se quedan pillados con la ‘batalla’ que el cuerpo está librando con la enfermedad tienen todas las de perder, lo mismo la enferma y su médico, también la familia y los amigos, todos quedan atrapados en realidad por una falsa esperanza, y es que tarde o temprano ese cuerpo arrojará la toalla y se rendirá. El cuerpo siempre perderá la batalla porque el cuerpo es finito y caduco, pero no así el Ser ya que el Ser está al margen de cualquier batalla. Todo lo que supuestamente hemos aprendido viviendo no vale de nada si no tenemos aprendida la lección de la muerte, es tan importante la lección de la muerte que en realidad se trata casi de la única lección que hemos de conocer, y es que en la lección de la muerte están englobadas las demás lecciones de la vida.

¿Y sobre la vida después de la muerte? Es algo que la gente pregunta bastante a menudo.

Hace unos días, mientras paseaba por una bella playa del mediterráneo, vino a mí este largo pensamiento que dejo aquí ahora escrito: la muerte es el misterio más grande, también lo más auténtico que tiene la vida junto con la enfermedad. La muerte la has de vivir sin apariencias de ninguna clase, hasta el más falso y mentiroso de los humanos vivirá su muerte de forma verdadera ya que en la muerte no vas a poder disimular. Para muchas personas la muerte es lo único real que van a vivir porque en la muerte no van a poder escapar a ningún sitio. Morir es renunciar a la materia, ese es todo el misterio que hay detrás de la muerte física. Y la mayoría de las fantasías que se construyen alrededor de la vida después de la muerte casi ninguna es real, y casi ninguna es real porque quien pregunta por la vida después de la muerte es la mente, es decir el cerebro mecánico que es un perfecto inventor de películas, pero el Ser, es decir la Conciencia, no necesita preguntar nada porque la Conciencia es respuesta siempre y en todo momento. La Conciencia se conoce a sí misma más allá del tiempo y del espacio. La Conciencia se sabe. La Conciencia no depende de nada externo para poder vivir. La Conciencia no depende de la muerte para poder transformarse ya que la Conciencia no necesita transformación alguna. Para la Conciencia la muerte física es un trámite muy sencillo. Lo gordo de morir es que cuando mueres compruebas y comprendes que no mueres ya que la Conciencia está más allá de esa circunstancia llamada muerte. La Conciencia es muldimensional y no es afectada por ‘lo que le ocurre’ en un plano concreto. La muerte es en realidad la máxima Belleza porque en ella se puede ver que todo está sostenido por un Único Amor, ese Amor que todo lo fundamenta, ese Amor que a todo da vida.