¿Quién dijo que el otoño y el invierno no se llevan bien?



Nunca lo había visto tan claro como hace unos días; mientras paseaba por el bosque fui a dar con la estampa que muestra la fotografía. ¿Quién dijo que el otoño y el invierno no se llevan bien? Uno y otro pueden convivir sin herirse, uno y otro pueden estar juntos sin necesidad de competir. “Hasta aquí mis hojas”, parece que dice el otoño si miramos bien la fotografía. “Hasta aquí mi nieve”, parece que dice el invierno; sin embargo el invierno ‘da permiso’ al otoño para entrar dentro de él, lo mismo que el otoño da permiso al invierno para que su nieve le invada; el frío del invierno precipita las hojas del otoño y el otoño con sus hojas nutre la tierra para que pueda sobrevivir el propio invierno, y sobre todo para que pueda nacer de los dos la primavera. No se sienten divididos, no están divididos, todo lo que está dividido provoca siempre algún tipo de tensión.

Hay un tiempo que es otoño y hay otro tiempo que es invierno, pero hay un tiempo en que el otoño se mezcla con el invierno, justo como sucede en estos días. Los que conviven juntos han de saber tener tiempo para cada uno, lo mismo que han de saber buscar el tiempo y el espacio para estar juntos de verdad. Si los que conviven no ahondan en su soledad individual, luego no podrán darse el uno al otro, y es que cuanta más soledad y más silencio atesoras, más capacidad tienes luego para entregarte. Es bueno estar solos, como también es bueno estar juntos. Saber estar solos es un arte, lo mismo que es un arte saber estar junto a otra persona. 

Dios se derrama en todo.