Respondiendo a dos preguntas

Una fotografía de Diego de Miguel (Agencia ICAL)


El otro día un periodista me preguntó por diversas cuestiones, y dos de ellas me hicieron reflexionar más tarde a mí por mi cuenta.

"¿Por qué uno se autoedita?". La verdad es que nunca me he visto yendo por las editoriales para ver si me publican o no me publican, y es que nadie puede decir si mi obra vale o no vale, no creo en esa forma de evaluar las cosas, nunca he tenido ninguna confianza en esos que deciden publicar en base a cuestiones de marketing o meramente comerciales. Muchos destacan ahora que yo fui pionero en cuanto a la autoedición, pero la verdad es que no tiene ningún mérito, y no lo tiene porque yo sé que el libro que he escrito vale la pena, de ahí que uno haya tomado desde el comienzo el camino de la autoedición. La prueba de que creo en lo que hago, es que me la juego al editar mis propios libros. A veces vienen jóvenes escritores a casa para ver qué pueden hacer con el libro que acaban de escribir, yo casi siempre les animo a que se autoediten, les digo que si de verdad creen en lo que han escrito, que se lancen y se editen a sí mismos y vean directamente los resultados, además ahora no se necesita arriesgar dinero pues puedes editar tantos libros como te vayan pidiendo, ni uno más. También les digo que escribir un libro es relativamente fácil, venderlo ya no es tan fácil. 

"¿Por qué crees tú que se venden ahora tantos libros de crecimiento personal?". Para mí está bastante claro por qué se venden, además la progresión de venta es claramente ascendente. Se venden porque las personas encuentran en estos libros algunas de las verdades que necesitan para vivir. Las personas van buscando algo que de verdad esté vivo y que les sirva para sus vidas. Los políticos que ocupan a diario las tribunas de prensa nunca dicen nada interesante. Los noticieros no escupen más que noticias para atemorizarnos. En muchas novelas tienes que leer cuatrocientas páginas para sacar una triste frase en limpio. En muchos libros de poemas hay un algo siempre balbuceante que parece que dice pero que al final no dice nada; muchos poetas siguen sin nombrar lo que tienen que nombrar, de hecho la mayoría de ellos se quedan siempre a medio camino, pero no porque sean malos poetas sino porque aún no tienen nada que decir. Muchos escriben libros cuando aún no tienen nada que contar a los demás.

La mayoría de los libros no se venden porque no entregan nada, igual estéticamente son muy atractivos, pero en el fondo están vacíos. Para que el libro que entregas a los demás tenga peso, tienes que haber puesto ahí tu vida entera. La mayoría no venden libros porque no se han entregado en ese libro que pretenden vender. Muchos poetas y novelistas se quedan en la forma externa de las palabras, en las historias, en el brillo formal, pero ahí no se sitúan las verdades que ahora mismo están buscando riadas de personas. El éxito no depende de cómo escribes, el éxito depende de cómo vives la vida, es la forma en la que estás viviendo la vida la que te delata y la que cuenta todo de ti. Y lo dice uno que nunca habla de éxito o de fracaso a rajatabla. Nunca. Si tu vida es de verdad, si en tu vida hay verdad, esos libros tarde o temprano encontrarán su sitio, también comercialmente. La mayoría de los que publican libros lo hacen por puro narcisismo, y lo más gordo es que aún no se han dado cuenta.