Lo que ya es muerte ya es vida



La muerte, como la belleza, nos está llamando cada día, a cada hora, en cada instante, pero raras veces le prestamos oído. Hoy mismo un buen amigo me recuerda que no olvide la llamada de la Vida. Este amigo bueno está siendo invitado por la enfermedad a escuchar su soplo vital. Un tumor cerebral le va dejando sin visión, sin movimiento, sin habla, y la misma circunstancia le está llevando a una comprensión profunda de lo que es. Para él la enfermedad no es el final de nada. Hoy tiene todo el tiempo para esa escucha pues decidió entregarse a morir y prepararse para ello. Dejó el trabajo que le esclavizaba y le robaba salud para ocuparse de lo esencial y entrar en el cielo y en la tierra que nacieron con él. Hoy se entrega completamente a la muerte, y de esa manera nutre su propio centro, su verdad, su esencia, además lo quiere hacer sin ningún tratamiento médico que le distraiga de su gran tarea; tan solo quiere estar en la compañía de la mirada que comprende y ama. 

Este amigo es libre y al serlo escucha la llamada más profunda del corazón. Él sabe que lo que ya es vida ya es muerte, sabe también que lo que ya es muerte ya es vida, en realidad lo sabe todo, por eso su camino aparece limpio y diáfano.

Es Santo quien ilumina las cosas con la luz del Cielo.