El fracaso de la psicología



¿De dónde puede venir el gran fracaso de la psicología? Pues de haberse liado y de haberse vuelto a liar con los contenidos de la mente pensante, contenidos a menudo superficiales y posteriormente mitificados o banalizados (que para el caso es lo mismo) por ese cerebro mecánico que nunca descansa. Lo digo casi mejor de esta manera: el fracaso de la psicología se debe a que se ha dedicado a analizar los contenidos de la conciencia en vez de dedicarse a la conciencia misma. Si analizas los contenidos de la conciencia estás haciendo psicología, si por el contrario te dedicas a la conciencia misma, estás haciendo psicología transpersonal, es decir pura espiritualidad, entonces es cuando puedes empezar a despegar los pies de este fango tridimensional.

La psicología fracasó porque el cerebro mecánico no dispone de la capacidad suficiente como para recapitular, es decir que la mente pensante no puede hacer un balance detallado de su actividad; cuando alguien tumbado en un diván habla de su infancia, en realidad habla de unos acontecimientos que su mente ha elevado a la categoría de recuerdos, cuando resulta que los otros acontecimientos vividos han quedado completamente silenciados y sepultados. No hay nada más injusto que un recuerdo, ya que un recuerdo es haberse quedado con ‘un poco’ pudiendo haberse quedado 'con todo’.

El gran fracaso de la psicología viene de haber contemplado al individuo separado del resto de las cosas del mundo; curiosamente la ciencia moderna, y más concretamente la física cuántica, está hablando todo el tiempo de una ‘totalidad no local’, lo que quiere decir que todas y cada de las partículas de este universo están perfectamente enlazadas hasta formar ‘una única cosa’; a la luz de esto que ahora sabemos, ya no hay acontecimientos individuales y sí una rejilla cuántica que contempla todas las cosas a la luz de un orden implicado. Siempre que algo se mueve, se mueve esa rejilla, un simple parpadeo afecta ‘al todo’.

La psicología ha llenado el mundo de expectativas personales (“yo quiero ser feliz” y un largo etcétera), expectativas que ha generado el pequeño yo y que el pequeño yo sigue alimentando; cuando las expectativas ya no son personales, entonces ya no hay nadie implicado, lo que quiere decir que se está construyendo un espacio de libertad conjunta y no puramente individual, así que no se trata de mi felicidad particular sino que se trata de la felicidad de todos; cuando ya no esperas nada para ti, es cuando estás en disposición de conseguirlo todo. 

La psicología fracasó porque quien de verdad ‘ve’ es la conciencia, y no el pequeño yo limitado y temporal; lo que ve el pequeño yo son espejismos.

La psicología debería de comprender que todos los cuerpos están comunicados entre sí, pero no comunicados para conocer las ideas de unos y de otros o para saber los chismorreos del común de las personas, están comunicados para recibir el flujo de la corriente divina. El ser humano está de verdad conectado al flujo de una corriente divina que todo lo ve y que todo lo comprende, no a las directrices de un cerebro mecánico lleno de complejos y de miedos.

Comprender esto de forma profunda es habitar ya en un Mundo Nuevo.