Estar sin nómina



Unos cuantos y yo nunca hemos tenido nómina, y aún no la tenemos, puede que algunos no la lleguemos a tener nunca; no ha sido algo que hayamos buscado, digamos que ha venido dado de esa manera, quizás para no tener ataduras, quizás para tentar a la suerte, quizás para hacer explotar en libertad a una vida que a veces sólo estalla si la fuerzas un poco. Es cierto que si quieres que se sucedan los milagros tienes que atreverte y hacer tú el primero. Vivir sin nómina es un milagro.

Los que no tenemos nómina no somos ni mejores ni peores que los que sí la tienen; sin embargo nosotros, los locos sin nómina, los que hemos recorrido y recorremos caminos extraños, caminos diferentes, estamos aquí para contarlo. ¿Quieres escucharlo? ¿Te gusta el vértigo? ¿Quieres adrenalina? Vive sin nómina, hazlo durante una temporada, o atrévete a hacerlo de continuo, verás lo que sucede. 

Estar sin nómina es estar con el culo al aire, pero estar con el culo al aire es estar vivo a más no poder.

Una persona sin nómina tiene más fe en que las cosas pueden suceder, y es a causa de esa fe que las cosas finalmente suceden ¿Y qué es lo que sucede? Que vas comprendiendo. Quizás se trate de algo inconsciente, pero estar sin nómina es justamente para comprender mejor y más deprisa; estar sin nómina es para hablar a la vida a la cara, sin intermediarios. Estar sin nómina es un desafío que le haces a Dios (la Vida), y entonces a Dios le da la risa porque Dios es otro que tampoco tiene nómina. Entonces tú te ríes con Dios. Dios y tú os partís de risa. Y es que no es para menos, no es para menos porque la vida no consiste en recibir un sueldo, la vida consiste en entregarse, y es que para entregarse no hace falta ni nómina ni sueldo ni nada. La vida no tiene sueldo.

¿Estar sin nómina es algo que se hace para sufrir? No, en absoluto. ¿Se está sin nómina para hacerse uno el interesante? Para nada. ¿Es entonces para que sufran otros? Qué va. Estar sin nómina es para tener los ojos bien abiertos. Y el corazón. Estar sin nómina debería ser la condición indispensable para ponerse de verdad al servicio de los demás, porque te pones de verdad al servicio de los demás cuando no esperas recibir nada a cambio de lo que haces.

¿Entonces de qué vivo si no tengo nómina? Puede preguntar más de uno. Pruébalo y lo sabrás.

¿Produce angustia estar sin nómina? Sí, a veces produce angustia, pero no una angustia mayor que los que sí la tienen. Los que no tenemos nómina nos angustiamos mucho algunas veces, los que sí tienen nómina se angustian un poco todo el tiempo.

No tener nómina no tiene que ver con el dinero, tiene que ver con el miedo, a más miedo más nómina.

Los que tienen nómina esperan el día del mes en el que se la ingresan, los que no la tenemos esperamos cada día del mes, cada hora, cada minuto, cada segundo, esperamos siempre porque nuestro premio por no tener nómina es justamente esperar, saber esperar.

De los que tienen nómina se encargan las empresas privadas o el Estado, se encargan de pagarlos quiero decir, de los que no tenemos nómina se encarga la Vida, lo hace ella personalmente, y es que la Vida se manifiesta de forma más clara a los que cabalgan a lomos de ella y se dejan llevar, dejarse llevar es en realidad la clave; dejarse llevar es vivir sin guión sabiendo que el verdadero guión lo va haciendo la vida misma a medida que se va viviendo.

Los que no tenemos nómina ya no nos arrojamos desde lo alto para ver si hay ángeles debajo esperando para recogernos, los que no tenemos nómina recogemos a los mismos ángeles que se tiran desde los acantilados para probar su propia confianza en la vida. Estar sin nómina es recoger ángeles a cada momento.

Los que estamos sin nómina somos los que predicamos contracorriente, los que caminamos sobre las aguas. Es muy difícil llegar a saber todo lo que ha vivido y vive el que está sin nómina, es difícil saberlo sobre todo por lo increíble que es, realmente muy poco se puede hablar de las cosas increíbles. Nunca se hablará de los sin nómina en los noticieros como no sea para decir que uno de los nuestros ha muerto de hambre en la calle.

El que está sin nómina está siempre muy unido a la palabra “misericordia”.

Para mí estar sin nómina se puede resumir de esta manera: más que predicar con parábolas que muchas veces no se entienden, me ha gustado predicar con mi propia vida, que sea la vida que me vive el mejor ejemplo, que sea mi forma de vivir lo que la gente vea, por eso he dejado que la gente venga a verme a mi propia casa, les he abierto las puertas, me he dejado tocar. Esta es la casa de uno que no tiene nómina, así viven los que van desnudos, sin esconder nada. Recibir a la gente en la casa en la que vivo es la mayor muestra de amor de esta dulce profesión que llevo dentro, una profesión sin nómina, una profesión sin ataduras, una profesión que no profesa nada, una profesión llevada todo el tiempo al borde del desfiladero, una profesión que en el fondo fascina porque de otra forma nadie puede explicarse por qué tanta gente se acerca año tras año. ¿A recibir qué? A recibir Amor. Un Amor incatalogable. Un Amor inagotable. Un Amor sin nómina.

Estar sin nómina es ya no tener nombre, ni apellidos, ni ser un ejemplo para nadie, si acaso un ejemplo para uno mismo, que de eso justamente se trata.