¿Está la conciencia alojada en el cuerpo?




Hace algo más de dos meses fue la final de la Liga de Campeones de fútbol, como mis hijos son futboleros vi el partido con ellos, la verdad es que lo vi ‘muy ausente’ con respecto a todo el contenido deportivo y emocional, sin embargo estuve ‘muy presente’ para analizar el evento comparándolo con cómo ‘actúa’ la conciencia en el ser humano, algo en lo que llevo pensando ya mucho tiempo. Escuché ese día que la retransmisión estaba siendo vista por unos doscientos millones de personas, que se dice bien. Imaginemos que la televisión en la que estábamos viendo el partido es como el cuerpo; el partido y los jugadores no estaban en ese momento dentro de la televisión de mi casa cuando el evento tuvo lugar, lo que había en la pantalla era un haz de electrones dispuesto de una determinada manera; el partido ‘real’ estaba teniendo lugar en Milán, a dos mil kilómetros de distancia, si es que se puede llamar real a eso pues analizado el césped, el estadio, lo mismo que el cuerpo de los jugadores, analizados a través del microscopio electrónico, no eran más que puro vacío. Digamos que durante las dos horas que duró el evento lo que en realidad hubo fue una danza de partículas, un espejismo formal de la materia que nos hizo decir que sí, que aquello era un evento deportivo llamado la final de la Champions League.

Esto que ahora voy a poner por escrito ha sido para mí un hallazgo, por eso tengo ganas de compartirlo.

¿Dejan huella las cosas que pasan? Naturalmente que sí. Sin embargo una vez que sepamos de qué huellas se trata, y sobre todo una vez que sepamos cuál es su verdadera naturaleza, nos vamos a quedar tranquilos, además nos vamos a llevar una sorpresa, una grata sorpresa. Máxima atención a lo que ahora sigue porque estamos ante una verdadera ‘carga de profundidad’.

Es claro que mi persona está llena de huellas, sin embargo yo no tengo ninguna. ¿Cómo es eso posible? La personalidad impostada, es decir el ego, tiene huellas y heridas por doquier, sin embargo el yo, es decir la conciencia o si quieres llamarlo también el ser interno, no tiene ninguna. La persona arrastra consigo las huellas del tiempo y las huellas del pensamiento, sin embargo el yo profundo, es decir la conciencia, al escapar del tiempo y del pensamiento, escapa también de la ilusión, por lo tanto escapa de las huellas y de las heridas. El yo profundo no se puede identificar con nada de lo que aparece en la pantalla de la conciencia. La conciencia que sustenta al yo profundo –al ser interno- está libre de todo lo que le ha sucedido en el pasado. ¿Estás escuchándolo bien? Está libre.

Cuando vas al psicoanalista lo que haces es rastrear únicamente en la personalidad impostada, es decir en el ego, en todo lo que está a expensas del tiempo y a expensas del pensamiento, es decir que no haces más que revolverte en lo finito y en lo caduco, en el mundo de las formas. El yo profundo sin embargo escapa del tiempo y escapa también del pensamiento, por eso es de naturaleza infinita, inabarcable, incontenible, es ahí donde el psicoanálisis no tiene nada que hacer dado que no hay ningún contenido que ‘analizar’. Y diría más: el psicoanálisis no hace otra cosa que analizar las apariencias, es decir lo falso; el psicoanálisis analiza con bata de científico todo lo que se representa encima del escenario de la vida, por eso el análisis de la psique (el psicoanálisis) es un instrumento incompleto y en la mayoría de los casos un instrumento errático.

La conciencia nunca es local y limitada, por lo tanto podemos decir que la conciencia no está ubicada en el cuerpo. La conciencia, igual que la señal de televisión el día del partido de la final de la Liga de Campeones, son ondas diseminadas por doquier, ondas que ese día no estaban solamente en el televisor de mi casa sino en todos y en cada uno de los televisores que sintonizaban ese partido. Si la conciencia no está ubicada en el cuerpo, difícilmente podremos hablar de conciencia individual. La Conciencia es un Todo, la Conciencia es el Todo. Podríamos entonces concebir a la Conciencia como ‘una sustancia’ que impregna todas las cosas; alguna vez me lo habréis oído decir, pero la conciencia se acerca mucho a la idea que tenemos de Dios. Cuando percibo con la conciencia, es Dios el que está percibiendo a través de mí; al percibir Dios a través de mí, ‘quedo envuelto’ en un Todo, en el Todo. No hay otra cosa que no sea Dios, no hay nada más allá de la Conciencia. Todo es una Única Cosa tomando apariencias diferentes.

Una última consideración para mis amigos místicos, esos que siempre ponen en jaque todas las cosas referidas a la mente: el pensamiento no tiene por qué ir en contra de la verdad, la lógica no es un sistema ‘demoníaco’ que pretende destruir lo más puro y lo más verdadero, el pensamiento y la lógica son instrumentos que nos pueden ayudar a discernir y como tales los hemos de saber usar. Lo digo porque en lo que hoy ha salido escrito ha intervenido plenamente el pensamiento, sí plena-mente. También el pensamiento puede ser ‘permeado’ por la Conciencia. También.