Esos ancianos enfermos y casi con la cabeza perdida.



Hace unas horas una amiga me ha recordado que hoy es la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de María, por lo tanto abuelos de Jesús de Nazaret. Por lo visto son los patronos de la ancianidad. Me inspira su figura para hablar de esos ancianos que viven con el cuerpo roto, un cuerpo viejo y desgastado, pero que tocan ya el mundo de la luz, ese mundo sutil donde no existen las prisiones de la materia. Esos ancianos enfermos y casi con la cabeza perdida que son capaces de tocar la santidad, y es que la santidad no es más que el vacío de Dios. Pensábamos que Dios sería un Ser que nos hablaría acerca de los secretos de universo, sin embargo Dios no es más que puro silencio, silencio vibrante y transparente. Dios no habla porque con el silencio lo dice todo. Ahórrate las palabras si puedes callártelas. Muchos ancianos tampoco hablan porque han comprendido que desde el silencio es desde donde más se comunica.

Vuelvo a publicar una foto que publiqué hace años, una foto que me dio un hombre al terminar una charla en la que participé hace años en El Escorial (Madrid, España).



¿Qué puedo decir de la fotografía? Que es una joya, realmente es especial entre las especiales. Lo que se ve en la fotografía es lo que se puede ver en algunas fotos hechas con cámara Kirlian y en algunas hechas también con cámara termográfica. Esta foto se hizo con una cámara normal de 35 milímetros. Hace ahora seis años, al terminar una charla sobre la muerte en El Escorial, dentro de unas jornadas promovidas por la Asociación de Sanadores Espirituales de España, se me acercó un hombre y me entregó esta foto. El de la izquierda es su padre, él es el de la derecha. Ese padre se encontraba en la antesala de la muerte, de hecho falleció unos días después de ser tomada la fotografía. Estaba en ese momento su padre en una residencia de ancianos. ¿Qué se puede pensar al ver la fotografía? ¿Cómo es que quedó impresa esa luz blanca en el cuerpo de ese hombre? ¿Por efecto del flash? No lo creo. No lo creo porque en el otro cuerpo no quedó impresa la luz de la misma manera. Soy fotógrafo desde hace 45 años y pocas veces he visto eso. Es una fotografía para admirar y admirarse. Es una fotografía para estarse en silencio, callados. Así como la cara es el espejo del alma -que ciertamente lo es- aquí es justamente el revés: el alma es espejo de un cuerpo que ya se desdibuja, se desdibuja como todo lo que es materia. La materia es un dibujo que se nos va borrando de los ojos mientras vivimos. Es Alma lo que se ve en la fotografía. Es Alma.