El río escondido


No es fácil creer eso de “todo lo que atéis en la Tierra quedará atado en el Cielo”. Más bien se podría decir: “Todo lo que atéis en la Tierra quedará desatado en el Cielo”, y es que el Cielo es ese río escondido que transcurre por debajo de todas las apariencias; el Cielo es el río de lo real, el río de lo verdadero.

Y tampoco es “todo lo que desatéis en la Tierra quedará desatado en el Cielo”, y es que nosotros no podemos atar ni desatar nada, no podemos atar ni desatar porque el deseo no sabe lo que quiere, la mente es ciega y pide sin saber lo que pide; si lo analizas a fondo verás que el deseo no es otra cosa que miedo; allí donde hay deseo hay miedo, allí donde hay miedo hay deseo.

Tú haces planes en la Tierra y lo quieres dejar todo atado y bien atado, pero esos planes no sirven de nada porque muy pronto van a quedar completamente desatados (desbaratados) por lo que el Cielo traza sobre nosotros. No estoy diciendo que todo esté absolutamente preestablecido, solamente digo que si tus planes no son los planes de Dios, es decir los planes de la Vida, de nada te va a servir que los hagas.

Si cuando trabajas no pones a Dios de tu lado, tu trabajo será baldío.

Escuchábamos cuando éramos niños aquella lectura en la iglesia que decía: "Mis caminos no son vuestros caminos, mis planes no son vuestros planes".

Es algo tan sencillo como que no nos tenemos que empeñar en nada.