El mundano y el espiritual



Todos conocemos a personas mundanas, todos conocemos también a personas espirituales. A veces se presentan como modelos separados, sin embargo otras veces aparecen ante nosotros ‘sabiamente fusionados’, en realidad todos nosotros somos una mezcla de los dos. El mundano es el que está hacia afuera, el que pasa la mayor parte del tiempo tras la conquista de sus deseos. El espiritual es el que está hacia adentro, ocupado en la conquista interior, en realidad ocupado de ‘esa idea’ llamada Dios. Uno y otro son casi idénticos. A los dos habría que decirles que la felicidad no está en ningún objeto, ni en el objeto de la pareja, ni en el objeto del dinero, ni en el objeto del prestigio, ni mucho menos en ese ‘objeto’ llamado Dios, porque Dios no es ningún objeto.

Cuando nada es un objeto, cuando nada es un objetivo, vivir la vida se convierte en un viento que todo lo borra a su paso. Cuando con nada te puedes quedar, todo es creación permanente. Tanto el mundano como el espiritual, en algún momento de sus vidas han de partir de cero, ese partir de cero tiene lugar cuando comprendes que lo que sabes no te vale para vivir la vida, es entonces cuando tratas de construir un espacio verdaderamente libre, es entonces también cuando te das cuenta de que tú mismo eres ese espacio de libertad. Ese camino de libertad ha de estar lleno a rebosar de Verdad y de Amor. A rebosar.