La venda. Las vendas.


Cuando se va cayendo la venda de los ojos, es decir cuando se va despertando, a veces se hace necesario también poner vendas en las heridas. Cae la venda de nuestra mirada neblinosa y a la vez es preciso poner vendas a lo que va brotando, y es que eso que brota a veces duele, también escuece, a veces sangra. No hay verdadero despertar sin que aparezcan las heridas verdaderas, no las heridas que brotan cuando queremos provocar lástima o cuando vamos de víctimas, sino las heridas de la verdad. Cuanto más grande es el despertar, mayores son las heridas. ¿Moriré por las heridas si despierto? No, vivirás por ellas, vivirás por los huecos que en ti respiran, vivirás por las ventanas de luz que se van abriendo en tu interior. Vivirás.

Viendo de niño una procesión de semana santa en una ciudad castellana, entendí porqué nos llama tanto la atención la figura viviente del Jesús de la pasión: porque las heridas que exhibe son iguales que las nuestras.