A los que matan al amor que aún vive.

La actriz francesa Jeanne Moreau

Dentro de la nueva espiritualidad New Age que poco a poco vamos diseccionando, hay una variante de la que hoy quiero hablar y que está dando al traste actualmente con muchas parejas, además lo está haciendo de una forma fea y precipitada. 

Conozco a un buen número de personas que han abandonado recientemente la relación de pareja que mantenían porque se han visto como ‘obligadas' a cumplir con uno de los mandamientos principales de la New Age: abandonar todo lo viejo. No abandonaron estas personas su trabajo aunque estuvieran hasta las narices de él, no lo abandonaron porque naturalmente les da el dinero que necesitan para vivir y sin dinero es que no puedes ni salir de casa. No abandonaron a sus padres ni a sus hermanos aunque la relación con ellos fuera pobre y en muchos casos inexistente. Abandonaron a su pareja. ¿Y por qué la abandonaron? Porque tanto les insistieron en que tenían que liberarse de lo viejo, que se vieron amordazando y ahogando aquello que más amaban y que tan viejo les parecía, pero es que no era viejo en absoluto, simplemente se quedaron sin ojos para verlo. Y tantas veces les repitieron que era completamente necesario dejar atrás todos los apegos si querían entrar en el 'Nuevo Reino' que estaba por llegar, que o bien se daban prisa o perderían para siempre un tren que nunca más volvería a pasar. Y de esa forma se vieron matando al amor que aún vive. 

Qué cuento eso del último tren, qué cuento más grande, y cuántos se lo han creído.

Gran parte de los que han abandonado a sus parejas lo han hecho a un nivel inconsciente, es decir que en realidad no saben porqué lo han hecho; y los que lo han hecho conscientemente, la mayoría lo han hecho por orgullo (falso orgullo) y también por venganza, cuando sabemos ya que la venganza genera siempre autodestrucción.


“Cada hombre mata lo que ama”, cantaba la actriz francesa Jeanne Moreau en la película ‘Querelle’ de Rainer Werner Fassbinder, sobre un poema original de Oscar Wilde; en la película se repetía ese mantra casi como una advertencia.

Es curioso lo que voy a contar ahora. Estaba hace unos días pensando en el contenido para este apunte, cuando justo en el momento de entrar en el supermercado donde iba a hacer la compra, un hombre mayor con unos increíbles ojos azules, un hombre que en ese momento 'apareció como de la nada', se me acercó y me dijo: “No hay prisa”.

Ese 'no hay prisa' resonó dentro de mí con gran profundidad. No hay prisa quiere decir que no hay fechas marcadas para lo nuevo que está por llegar, no nos dejemos embaucar por fechas finalistas que no llevan a ninguna parte. 'No hay prisa' quiere decir no dejarse llevar por la precipitación; el gran director de cine David Lean decía que sólo los necios se precipitan. Y 'no hay prisa' quiere decir también que siempre puede haber una nueva oportunidad para el perdón y para la reconciliación. Un amor de verdad lleva dentro de sí la semilla del perdón. Del manantial del amor verdadero brota siempre el agua de la reconciliación. Los que se fueron de una relación con el puño cerrado, pueden volver a ella con la mano abierta. Con la mano abierta.