Si aún te identificas con el cuerpo y con la mente.



Escribo hoy siguiendo la sugerencia de un amigo que me ha pedido que escriba, y me lo ha pedido porque tiene que ver con una conversación que mantuvimos él y yo hace poco, conversación que no se puede transcribir al completo porque para eso habría que haberla grabado, digamos que voy a intentar hacer un resumen. Un buen resumen a veces vale mucho, porque mira que hay vídeos 'youtube' que duran cerca de una hora y al final no sacas nada en limpio. Lo que viene a continuación se lee en un minuto, y un minuto lo tiene cualquiera.  

Gran parte de la energía de la que disponemos la malgastamos en dar seguridad a la mente y al cuerpo, pero resulta que al cuerpo y a la mente no se le puede dar ningún tipo de seguridad. ¿Y por qué? Pues porque la mente y el cuerpo están siempre cambiando ya que están sujetos al tiempo y al devenir de la forma, y es porque están sujetos al tiempo y al devenir de la forma que no pueden ofrecernos seguridad alguna. El cuerpo de una miss mundo se convierte en ‘otra cosa’ cuando pasan veinte años, y no hay que esperar a que pasen veinte años, con cinco ya es suficiente.

Los mecanismos del miedo y del deseo consumen gran parte de nuestra vida. Siempre que me identifico con el cuerpo y con la mente, me identifico con algo que está todo el tiempo cambiando y que nunca me puede ofrecer seguridad alguna, éste es justamente el caos en el que vive la humanidad porque una inmensa mayoría de personas se identifican solamente con la mente y con el cuerpo. Al identificarnos con algo caduco y efímero, dejamos de estar en lo real, y no estamos en lo real porque vivimos preocupados por lo que va a ser de nosotros en el futuro, un futuro que en realidad no existe ni existirá porque es únicamente producto de nuestra mente. El futuro que crea la mente es siempre falso, por más honorables que nos parezcan ciertos proyectos de futuro que tenemos.

Lo real se podría parecer a un increíble grupo de músicos que están tocando una música maravillosa, sin embargo yo soy sordo y aunque paso a su lado no consigo oír nada de lo que están tocando, y no consigo oír nada porque voy ‘metido hacia adentro’ proyectándome como un yo individual en el túnel del futuro, es decir proyectándome en una entelequia de ficción. 

Por eso necesitamos vivir en la Presencia. Vivir en la Presencia es vivir sin asegurar nada. Vivir en la Presencia es estar en la vida verdadera sin querer ningún tipo de seguridad. No quiero ninguna seguridad porque toda seguridad es una solemne mentira.

Y aquí brota lo paradójico: cuando a veces más estamos en la verdadera vida es cuando hacemos cosas que en realidad no valen para nada. Yo hoy me he pasado cerca de una hora observando la hierba que en estos días se está espigando. ¿Complejo de culpa por haber perdido el tiempo? Ninguno. Lo que siento ahora mismo es gozo de haber tenido tiempo para perder el tiempo. Y tengo un profundo agradecimiento a la vida que a veces hace sonar una bellísima música sin motivo alguno. Sí, sin motivo alguno.