El hedonismo espiritual


El hedonista es el que hace todo para conseguir placer, y si ese placer lo puede conseguir de forma inmediata, mucho mejor. De siempre los hedonistas han buscado placeres materiales, sin embargo ahora ha surgido una nueva forma de hedonismo: el hedonismo espiritual.

Englobados en un amplio epígrafe que podríamos denominar como ‘eternos buscadores de lo espiritual’, pero con las señas de identidad bien claras de la New Age, reúnen en ellos dos variantes muy claras; la primera es pensar que su ‘proceso espiritual’ es tan particular y tan 'exclusivo', que por supuesto nadie puede llegar nunca a ‘sentir’ algo parecido a lo que ellos sienten, sin darse cuenta de que lo suyo no es más que hedonismo y exhibicionismo espiritual, un hedonismo que aparece muchas veces disfrazado de ascetismo. Cuidado con los ascetas. La segunda variante es aún más clara: sacan siempre a relucir sus filias y sus fobias, es decir que aman mucho a algunas personas, cosas, tendencias, modas, lo mismo que detestan otras, aman con la misma intensidad que odian, y eso les hace estar alejados del equilibrio mental más básico. Y se podría añadir una tercera variante: su particular ‘empeño’ por encontrar en un plazo relativamente corto de tiempo un ‘nuevo placer espiritual’, y por supuesto que todos lo vean, porque la consecución de ese placer va muy unida a tener que pregonarlo a los cuatro vientos.

El hedonista no es el buscador de la verdad que se funde con la propia búsqueda y con la verdad misma, el hedonista queda separado de la búsqueda y de la verdad porque sigue atrapado en el mundo de las formas, y que yo sepa en ese mundo de las formas no se ve a Dios ni en pintura, y eso que hedonistas pintones hay unos cuantos.