Conocer a alguien. Conocerse a uno mismo.


“Creía conocer a tal persona pero me he dado cuenta de que en realidad no la conozco"; nos suena mucho a todos esta frase, ¿verdad? Conocer a alguien no significa conocer a ese alguien. Creer conocerse a uno mismo no significa que nos conozcamos. ¿Y qué es conocer, que es conocerse, acaso saberlo todo sobre la otra persona, acaso saberlo todo sobre uno mismo? No, para nada. Nunca podremos capturar todo eso que se engloba bajo el término ‘persona’ o ‘personalidad’. Saber datos sobre alguien no es conocer a ese alguien. Puedes saber todo sobre una persona y no conocer a la persona en sí, incluso yendo un poco más lejos podríamos decir que a la persona no se la puede conocer porque la persona y su personalidad son un artificio, algo impostado, algo que nunca se puede ‘aprehender’ del todo. Que nos perdonen a todos por ser personas, es decir que nos perdonen por habernos inventado a nosotros mismos, que nos perdonen por haber inventado esa ‘personalidad’ que somos. Lo que parece que somos no es lo que somos. Somos lo que somos sin apariencia ninguna.

Conoces de verdad a alguien cuando ‘rebasas’ todo lo superficial y te atreves a ahondar en la esencia, conoces cuando ‘tocas’ lo que está más allá de las circunstancias que flotan siempre en la superficie.

Nunca sabré todo del otro, pero no importa, sabré de verdad sobre el Ser que intuyo en el brillo de su Alma. Conocer el Alma de alguien es abrazar su Misterio.

Nunca sabré todo de mí, tampoco importa, lo que de verdad importa es si vivo en mi Ser y en el brillo interno de lo que Soy. Vivo de verdad en mí cuando vivo en el Misterio que me sostiene.

Nunca se conoce a través de la mente y del pensamiento, es a través del Amor que conocemos. El Amor implica más ‘conocimiento’ que cualquier forma racional de conocer. Conoces a alguien cuando lo Amas. Amar profundamente significa conocer de forma muy profunda.

Conocer es Amar. Conocerse es Amarse.