¿Caminos?


¿Caminos? En realidad no hay caminos, sólo hay conciencia. Es la conciencia el camino, por eso todos los caminos conducen al mismo lugar ya que todos llevan a la conciencia, todos llevan conciencia; algunos caminos llevan una gran conciencia dentro de sí, otros implican una conciencia más simple, más superficial. No importa. Todos los caminos discurren por ‘eso real’ que es la vida. La vida es el principio y el final de todo camino.

Da exactamente igual si recorres el camino verde de hierba o si recorres los caminos ocres de tierra, da igual si cantas porque estás alegre o si lloras porque estás triste, da igual, y es que a esa esencia que somos nunca le sucede nada, son solamente las circunstancias externas las que nos confunden con el espejismo de que algo está pasando cuando en realidad no es así. LO QUE TIENE QUE SUCEDER YA HA SUCEDIDO. Eso es el despertar. Lo que tiene que suceder ya ha sucedido quiere decir que siempre estamos inscritos en la vida. Vida somos todo el tiempo. Y no es que seamos esto o aquello, es que somos siempre en esencia, es esencia lo que somos. Sin ser nada ni nadie también somos. Vivos somos, muertos somos también. Somos la vida que explota más allá de las individualidades y de las apariencias de todo tipo. Somos el Todo que siempre vive. El Todo. Siempre.