La falsa idea de alcanzar cosas externas y materiales



Voy por un camino de tierra, aunque casi más bien debería de decir por un camino de barro; a causa de las recientes nieves y de las recientes lluvias, el barro se queda pegado a las botas haciéndolas pesadas. Cuanto más avanzo más peso llevo encima, es algo parecido a lo que muchas veces nos sucede al ir caminando por la vida. Me detengo junto a un montón de piedras, sobre las piedras refriego las botas que deben de pesar tres kilos cada una. Estando ahí me sorprende la puesta de sol, una puesta de sol que parece no tener fin. Al llegar a casa escribo esto:

A menudo tenemos la sensación de que alcanzamos cosas a través de la voluntad, pero eso no es más que un espejismo; porque creemos que alcanzamos cosas a través de la voluntad, nos atrevemos a hacer cada cierto tiempo una especie de 'catálogo' de los logros conseguidos, pero esos logros solamente los podemos hacer con respecto a ciertos aspectos materiales como pueden ser los trabajos, las casas, los coches, la ropa, el dinero, el prestigio, la fama, incluso las personas entrarían también en ese catálogo; el hecho de que incluyamos a las personas dentro de ese catálogo de ‘logros’, es debido a la tendencia que tenemos a ver a los demás como una oportunidad de conseguir ‘algo’ en vez de una oportunidad para encontrarnos de verdad con ‘alguien’. 

Nuestra personalidad es un salón lleno de trofeos de caza, esos trofeos en realidad son cosas muertas pues se refieren a aspectos puramente banales y superficiales; sin embargo en los planos internos no hay ningún logro que se pueda conseguir, ahí la desnudez es total. ¿Puede acaso la voluntad alcanzar la alegría, la gracia, la paz o el amor? No, no puede. La voluntad no llega nunca a nada de lo importante. Así que a menudo pasamos nuestra vida embarullados con lo externo y con lo material, mientras en los planos internos la soledad y el vacío se hacen cada vez evidentes.

La idea de alcanzar cosas externas y materiales es la mayor mentira que nos podemos contar a nosotros mismos.

Entonces, ¿cómo es preciso vivir? En la conciencia que no se centra en ningún tipo de objeto, en la conciencia que no está pendiente de alcanzar objetivo alguno, ahí es donde palpita la verdadera vida. 

La mayor parte de las cosas que hacemos son para inflar el globo del ego, un globo que tarde o temprano acabará estallando; cuando el globo del ego estalla, a menudo lo hace en medio de una gran conmoción; una vez que vemos cómo ha estallado el globo del ego, acertamos a comprender que el verdadero cambio nunca sucede a través de ningún proceso mental. La mente no toca nunca las aguas del verdadero río de la vida.

Es la imagen que tenemos de nosotros mismos la que nos separa de lo real; sin una imagen de nosotros mismos, nos fundimos por entero en la totalidad de la vida.