El juego de hablar a Dios e imaginar que te responde



“Tengo que orar, tengo que ponerme en contacto con Dios”. Sabemos que este tipo de expresiones se siguen formulando, las seguimos usando, en especial cuando nos llegan situaciones difíciles y comprometidas. Es necesario poner mucha atención en esas expresiones y en esos movimientos automatizados que albergan aún inconsciencia, esa inconsciencia es simplemente ignorancia, ignorancia espiritual. Y es que con Dios estás siempre en contacto, es justo cuando puedes pararte y escuchar en profundidad, que te das cuenta que jamás el contacto se pierde. Y no es que Dios decida ayudarte unas veces y otras veces no te haga ni puñetero caso, si aún piensas así es porque todavía estás dentro del juego mental al que tú mismo te sometes. Ese juego de hablar a Dios e imaginar que te responde es en realidad un juego de la mente, por más que queramos revestirlo de sacralidad. Diré que de ese famoso libro titulado “Conversaciones con Dios” de Neale Donald Walsch no me creí ni una palabra, incluso dando por hecho que contiene cosas buenas, sencillamente no calaron las palabras en mi interior. Vi algo en ese libro inventado por la mente.

Esta es hoy mi propuesta: no hables a Dios, mejor escúchalo. 

Y si aún tienes dudas de lo que es escuchar a Dios (que es lo mismo que escuchar a la Vida), te sugiero esto: deja toda la verborrea interior con la que a diario te vistes, déjala, disponte desnudo y sin argumentos ante los hechos sin hacer interpretaciones; derriba las murallas de imágenes que te sustentan; derriba la escondida ambición que no es otra cosa que miedo; deja los jeroglíficos de la mente. Y respira, respira hondo. Y por favor, mira al infinito.