No le pidas a Dios gilipolleces



El apunte de hoy es ya un clásico de esta página, un clásico que me atrevo a reeditar cinco años más tarde, y que además se reedita en un momento en el que casi han confluido en el tiempo las elecciones generales con el sorteo navideño, un cóctel más que explosivo.

Estamos en la víspera del sorteo de la lotería de Navidad del 22 de diciembre en España. Los medios de adoctrinamiento siguen lanzando sus mensajes para que compres lotería. Yo nunca compro. 

Es conocido que vivo en un pequeño pueblo del centro de la península. Hace cinco años me enteré de que en esta provincia de Segovia, una de las más pequeñas de España en cuanto a población se refiere (poco más de 160.000 habitantes), se gastan oficialmente entre la lotería de Navidad (22 de Diciembre) y la lotería del Niño (5 de enero) alrededor de 20 millones de euros, parece que estos últimos tres años se ha gastado incluso más. Un día me dio por pensar lo siguiente: se podría crear una asociación independiente para pedir a las personas con conciencia que en vez de gastarse el dinero en lotería, pusieran ese dinero en una hucha común, de esa forma el día 6 de enero de cada año se tendría en dinero líquido, en puro cash contante y sonante, una cantidad que podría llegar a ser muy considerable, y con ese dinero se podría socorrer a personas necesitadas. Os diré que a un nivel aún pequeño pero ya se está haciendo. Un pequeño grupo de personas ya hemos arrancado.

Los premios de lotería están siempre pensados de la siguiente manera: que toque mucho a unos pocos. El sistema –que está diseñado por mentes perversas- prefiere muy ricos a unos y muy pobres a otros, porque el efecto de comparación es lo que crea las diferencias, las clases, los estatus. El sistema está siempre pensando en cómo tenernos divididos.

Mujeres y hombres de conciencia, poned el dinero -pero sobre todo poned la mente y el corazón- en todo aquello que pueda dar verdadero fruto. Hay gente que está muriéndose de hambre, y algunos al lado vuestro están. Abrid los ojos. Salid a la calle y entregad esos veinte o cuarenta o sesenta euros que vais a gastaros en la lotería en la mano del primer necesitado que encontréis, haced algo nuevo con vuestro dinero, haced algo distinto, haced incluso algo revolucionario. Ahora ya nadie se puede salvar en solitario. No podemos salvarnos nosotros solos, ya no se puede. La vida nos alberga a todos. ¡De qué te vale ser millonario si cuando salgas de tu hotel de lujo los pobres estarán a la puerta pidiéndote para comer! ¡O igual estás en la piscina fumándote un puro y ves en una televisión cómo los refugiados se están muriendo de frío en sus chabolas de cartón!


Escucha esto porque creo que es importante: cuando compras un billete de lotería, rápidamente la mente empieza a hacer las cuentas de la lechera, en ese momento lo que sucede es que tu mente deja de vivir en el presente y se empieza a proyectar en un futuro que no es otra cosa que una película de ciencia ficción, una película que está completamente alejada de lo real, una película imposible, algo que jamás sucederá como te lo imaginas. Luego viene la frustración del día 23 porque no te ha tocado ni siquiera el reintegro; pero si resulta que sí que te ha tocado, el castigo puede ser aún mayor porque es muy fácil que con ese dinero eches a perder tu vida. Cuando a una persona con escasa conciencia le llega el dinero a espuertas, lo que va a hacer es arruinar su vida y seguramente la vida de los que tiene alrededor. El dinero sin medida es la droga del ego, es el pico de heroína para el cerebro que todo lo fabula; el dinero que llega de esa manera lo que hace es reventar vidas humanas. No busques el dinero fácil porque ese dinero acabará a la larga con tu integridad. "¿Entonces qué hago si de verdad necesito dinero?", preguntarán algunos. No tomes ese camino. Has de intentar ir por la vida con otra mirada. Has de saber que la vida te lo dará todo si antes de satisfacer a tu ego personal antepones la llegada del reino de los cielos (el reino de los cielos quiere decir la llegada de la verdad y la justicia, también del amor y del perdón). Busca primero el reino de los cielos y todo lo demás se te dará por añadidura. Sé valiente. Busca primero la iluminación espiritual y deja de tener miedo. 

Cuando le pides a Dios que te toque la lotería lo que estás haciendo es dejar a tu mente imaginar gilipolleces, esas peticiones son una pura exhibición del ego que lo que quiere es vivir bien y que a los demás les den morcilla. No le pidas a Dios gilipolleces porque Dios no es un gilipollas. Dios, la esencia del Todo, no está para que le digas nada, está para que le escuches, así que cállate y hazte una persona consciente. Madura de una vez. Es el momento.