Vivir la tristeza



Cuando una persona está viviendo una depresión, se le hace difícil confiar en las fuerzas profundas que pueden llevar ese proceso a buen puerto, y como no confía en esas fuerzas, acude a la medicación; la medicación convencional genera una especie de muerte en vida, de hecho por la calle se ven muchos muertos vivientes, la mayoría atiborrados de pastillas. El que está viviendo una profunda depresión necesita llegar al límite y tocar fondo, y mejor que lo pueda hacer sin ningún tipo de sustancia, si acaso la homeopatía y las flores de Bach le pueden ayudar pues son más sutiles y 'acompañan' mejor. Lo que tiene que hacer el que está triste es vivir la tristeza y entregarse a ella hasta el límite. 

Me ha “alegrado” enormemente encontrar este texto que viene a continuación, texto bello y profundo, que habla de cómo vivir la tristeza. Hay que leerlo muy despacio y con gran atención. Para todos los amigos que están transitando por la depresión, pero en especial para el amigo Toni, alma mística y ardiente.


“La tristeza, precisamente, es una señal de que la vida no nos ha abandonado, que nos acompaña en el proceso de transformación y ampliación de la conciencia, a fin de incrementar el gusto de la felicidad y la amplitud de la alegría. Vivir la tristeza, la depresión hasta el límite, porque llegando a éste, todo se transforma. Hay un cambio radical de la persona, interno o externo –si aún se puede hablar así- que se manifiesta poco a poco o súbitamente. Parece como si la energía, mal utilizada, se retirara de la conciencia para ir hacia el fondo y volver a elevarse, transformada, para renovarlo todo y desprenderse de los falsos valores colectivos. En la tristeza, el ser humano puede transformarse como, tal vez, ninguna otra terapia consiguiera. A quien la sufre, sin embargo, le hace falta entrar en una comunidad que no se impaciente, que sepa esperar y confiar en las fuerzas profundas que llevan el proceso. Cuando se actúa así, creyendo en estas fuerzas, creyendo en el enfermo, creyendo en uno mismo, el milagro se hace presente. Ahora bien, hay que esperar y actuar hasta llegar al límite, hasta que la energía toque fondo, como quien se deja ir, zambulléndose en el agua hasta tocar el fondo con los pies. Es entonces cuando puede darse impulso y renacer a una vida nueva y más real que la anterior. En cambio, cuando se toman fármacos, cuando se corta la enfermedad a medio camino, todo parece suceder como si el paciente ni flotara ni tocara fondo con los pies, moviéndose en un estado de muerto en vida –ni se vive ni se muere-, absolutamente digno de compasión, si no de indignación. Y esto es así porque este centro profundo atrae la energía más allá de la conciencia, puesto que la depresión es señal de cambio y de transformación. Porque, en definitiva, el inconsciente es lo más poderoso que hay en nosotros y se nos impone a fin de liberarse…para su –y definitiva- nuestra felicidad, al sentirnos enteros y no divididos o ajenos a nosotros mismos”.



Antoni Pascual i Piqué. “Rilke o la transformación de la conciencia”.