Ni a favor ni en contra



Comienza la cumbre del clima en París y todo el mundo está opinando, dado que ahora la opinión es el ‘vicio’ por excelencia, de hecho habréis visto que todo el mundo opina de todo, y es que ese opinar a menudo no es más que una repetición mecánica de tópicos que tomamos como verdades inamovibles. Cada día me gusta más la gente que no manifiesta su opinión y se la calla, y no es que se calle por timidez o porque piense que si habla no da la talla, se calla simplemente porque el silencio dice más que cualquier palabra. Pues como decía unas líneas más arriba, hoy da comienzo la cumbre sobre el clima y ya ha habido alguien esta mañana que me ha preguntado: “¿Tú estás a favor o en contra del cambio climático?”. Pues no estoy ni a favor ni en contra, aparte de que sobre el cambio climático seguimos sin tener ni idea. Dar datos y decir que se sabe no es realmente saber. Hoy está muy de moda ofrecer datos y estadísticas, pero es que los datos y las estadísticas pueden no tener nada que ver con la verdad de un asunto.

"¿Y tú estás en contra de la guerra o a favor de ella?". Pues no estoy ni en contra ni a favor. Aunque de corazón pueda estar en contra, he de reconocer que a veces una guerra puede ser necesaria sobre todo si sirve para parar los pies a alguien que se está pasando de la raya.

“Yo estoy en contra de la violencia”, me dijo el otro día una persona. Y yo le dije: "O sea que estás en contra de ti mismo". ¿En contra de mí mismo?”. Sí, porque tú eres en esencia violento. "¿Yo soy violento?". Sí, lo eres, otra cosa es que digas que no lo eres. Todos somos violentos. “Yo sería capaz de matar por mis hijos”, una frase que hemos escuchado muchas veces, una frase que realmente al escucharla nos hace temblar…¡de miedo! 

Cuando el ser humano está descontento con algo, piensa que con sólo manifestar su descontento las cosas ya se van a arreglar, y no es así, no solamente no se arreglan sino que se ponen peor dado que el descontento añade demasiado vinagre al plato que se está cocinando.

Lo más difícil que hay es permanecer con lo que es, sin querer incluso cambiarlo. No estar ni a favor ni en contra nos hace permanecer libres interiormente.

Decía Krishnamurti que si vivimos pensando en la utopía vivimos pensando en la muerte, no en la verdadera vida. Y es que el vivir verdadero no tiene ni contiene moldes de ninguna clase. La verdadera vida se manifiesta sin molde alguno, no así la muerte que siempre tiene moldes preestablecidos. El hombre verdadero es el que vive sin moldes, sin opciones, sin ideales, sin utopías, también sin la esperanza fabricada por esa mente que dice controlar las situaciones, cuando el hecho es que jamás la mente controló nada de la vida, y es que la vida es un invento mayúsculo que siempre escapa a toda tentación de apropiación, sea bajo la forma que sea.