El joven que susurraba a los caballos



Estando un día en Buenos Aires hace ahora casi treinta años, y mientras iba paseando por un bonito parque, me encontré con un joven que domaba caballos; es algo normal ver allí la doma del caballo incluso muy cerca del centro de la ciudad. Estuve viendo su arte durante un buen rato y después nos pusimos a charlar pues me tenía sólo a mí de espectador. Era un chico sencillo, con una voz grave pero nada agresiva, además miraba a los ojos cuando hablaba, algo que no hace todo el mundo. Me habló de la doma de los caballos, y en especial me habló de los "susurradores de caballos", algo que me dejó intrigado (no existía aún la película de Robert Redford); me invitó a pasarme otro día para ver ese ‘susurro al caballo’, pero ya no tuve tiempo; así que cuando vi a este muchacho del vídeo pensé en aquel joven y dije para mis adentros: "Este podría ser perfectamente aquel muchacho porteño que susurraba a los caballos".


Que el acercamiento al caballo no sea el típico acercamiento 'sentimental' hacia un animal. El acercamiento a un caballo puede ser el contacto directo con algo puro, puede ser también una manera de sanar el estrés que provoca la vida que llevamos; a lomos de un caballo se puede ir exactamente igual que vamos algunas veces a lomos de la vida, y es que cuando estamos en contacto con algo bello, el pensamiento se desdibuja, incluso llega a borrarse; ya sin pensamiento, la luz sigue suavemente su camino.