Lo real desconocido



Quien ha escrito el texto que viene más adelante, lo ha escrito entregando el corazón, el alma y la vida entera, y lo propone como una práctica, así que como una práctica lo hemos de recibir, y sobre todo como una práctica lo hemos de vivir. Si hubiera evangelios modernos, este texto que viene a continuación formaría parte de un evangelio puro y sin limitaciones que sería leído en los templos sagrados de los corazones, los templos donde la verdad se expande, los templos sin símbolos ni ritos, los templos sin estandartes, los templos sin viejas imágenes, los templos sin telas de araña, los templos que hemos de ir fundando ya que los templos convencionales se están derrumbando delante de nuestros ojos. Sugiero leer el texto que ahora viene unas cuantas veces a lo largo de los dos próximos días, veréis 'el efecto' que produce y de qué forma tan profunda va calando en el interior:


"Para dar paso al silencio tenemos que dejarlo todo. Nos parece que nos quedamos en silencio y no encontramos ahí nada, porque estamos esperando encontrar sensaciones, emociones e ideas. Soltando las sensaciones agradables y desagradables, las emociones positivas y negativas y toda clase de ideas o juicios, me abriré al silencio desconocido. Dejaré de dar realidad a ese mundo hecho de ideas y descubriré la realidad que me realiza en el silencio creador. Simplemente dejaré lo conocido para abrirme a lo desconocido.

No buscaré nada, porque todo lo que busque lo buscaré a través de ideas. No me esforzaré en nada, porque todo esfuerzo supone la idea de un yo que quiere afirmarse. Dejaré que las cosas sean lo que son, que las sensaciones aparezcan y desaparezcan en la superficie de mi conciencia, que los pensamientos atraviesen mi mente pensante. Y me mantendré sin nada, a la expectativa de lo real desconocido, despierto, alerta a este instante de conciencia lúcida. La plenitud está en lo real y lo real sólo aparece en este instante presente.

Escucho el silencio, y al escuchar se borran los pensamientos, los recuerdos, las experiencias pasadas y las deseadas para el futuro. Este silencio lo borra todo. Y el cristal de mi mente queda limpio, transparente para reflejar la luz. El silencio suaviza todas las estrías puntiagudas del psiquismo egocentrado, deshace todos los nudos emocionales haciendo desaparecer la angustia y la preocupación de la ambición y el miedo. Escucho el silencio y me descubro libre, libre desde dentro, libre para vivir la plenitud que soy.

Cuando ya no busco ninguna alegría en particular me encuentro con la alegría total, cuando ya no busco ninguna satisfacción, descubro la felicidad plena. La presencia de lo real se empieza a sentir en la paz de este silencio. Permanezco así, lúcido, escuchando, contemplando y el silencio se va creando y me va creando. Descubro esa plenitud desconocida en la quietud callada de mi conciencia despierta”.



Consuelo Martín