Milagro del atardecer



Ayer salimos paseando mi amigo y yo acompañados de sus dos hijos pequeños y nos fuimos camino arriba entre juegos, chistes e historias, hasta que llegamos a la ermita que está a poco más de un kilómetro del pueblo. Allí nos hicimos silencio cuando vimos que el viento había juntado dos ramas de zarza para hacer un perfecto arco trenzado, el que muestra la fotografía. Una Casa de Oro. Arco de la Alianza. Puerta del Cielo.

Ante ese milagro del atardecer, y con el corazón rebosante y limpio, iniciamos el camino de vuelta llenos de una dicha mansa y libre. Sin mirar nunca hacia atrás, gozamos del viento que nos iba susurrando y cantando, cantando y susurrando.

No hay una sola verdad que el hombre invente, que ni de lejos se pueda parecer a la simple claridad de Tu Luz milimétrica. Y es que siempre que con-templo Tu Belleza, mis ojos se vuelven hacia la tierra desnuda, de esa forma puedo ver la mano blanda de Tu Amor esparciendo las semillas por todos los senderos secos y resquebrajados.