Una ventana de luz en el viejo muro de piedra



Paseando uno de estos últimos días, de pronto irrumpió ‘algo’ en el paseo que tenía forma de luz envuelta en divina soledad, su llegada me estremeció por su humildad, por su simplicidad, también por la piedad que había en esa forma tan leve de mostrarse al mundo. Una ventana de luz se abrió de pronto en el viejo muro de piedra. Nunca antes lo había visto. Sacramento para los hombres que han perdido la fe.

Salir a pasear, salir a contemplar, encontrarse con esa hermosura sin nombre que se cuela entre los árboles y entre las sombras del río; ver que la belleza sin fin corre en libertad por los caminos. Las abejas lo celebran. Las palomas también.

Mientras hacía la fotografía percibí con claridad que el que contempla es lo mismo que lo contemplado. La vida que pierdo es la vida que gano. Inmenso Vacío sin nombre volcándose mansamente en la verde tinaja de mi corazón.