Fuego y viento en una noche de San Juan


Esta historia la he contado un par de veces de viva voz en este último mes, ahora me doy cuenta de que el motivo de contarla es por lo mucho que me gusta, espero que también os guste a vosotros.

Hace más de veinte años, un día después de comer y estando a solas con mi madre y con mi padre, les hice una pregunta muy especial; lo curioso es que no tenía previsto hacérsela, digamos que las cosas se fueron 'disponiendo' para que esa pregunta saliera de mi boca. Cuando todo me indicaba que sí, que les iba a poder hacer esa pregunta tan especial, me fui corriendo a por un magnetofón de bobina abierta que portaba conmigo esos días, pues quería dejar constancia del momento: “Mamá, papá: ¿Cuándo fui yo concebido? ¿Me lo podéis contar?”. Aunque al principio mi padre estaba un poco cortado, al final acabó soltándose; mi madre sin embargo estaba como una actriz en la cima de su carrera dominando por completo la escena, el tempo, la tensión de la narración, los silencios, todo. La respuesta de mis padres a mi pregunta no hizo sino confirmar mi teoría, siempre pensé que yo había sido concebido en la noche de San Juan. Y efectivamente, parece que así fue. Mis padres habían estado en la fiesta de un pueblo vecino y a la vuelta… Se cumplen cincuenta y siete años. Ahora celebro casi más esta fecha que la del propio nacimiento. También les pregunté a mis padres cómo habían sido concebidos mis otros tres hermanos, me parecía un regalo para ellos, yo quería también que las respuestas quedaran registradas en ese magnetofón tan fascinante. Y quedaron.

Quizá por haber sido concebido yo en una noche tan especial, siempre me gustó el olor a la hierba recién segada. ¡Cuántas veces me he tumbado yo en la hierba de los valles! Y ahora me pregunto: ¿Qué fui yo en el momento en el que mis padres me concibieron? ¿Quién fui yo esa noche del mes de junio? Esa noche fui un diminuto lucero brillando en la oscuridad, un lucero mirando a través de la cortina rasgada del tiempo y del espacio. Vengo de una casa de cristal. Esa noche fui una explosión de gozo y de ternura en el cuerpo de mi padre, verde miel en el vientre arcoiris de mi madre. Yo, una barca nueva dejándose caer en el mar de esta vida de aquí, sin duda el viaje más loco que un alma pueda realizar. Vine al mundo en marzo, cuando aún los días son fríos, cuando ya huele a la primavera; la primavera, sagrario escondido de todos los ardores de mi alma. Yo soy la primavera, lo mismo que soy el guardián de los huertos con manzanos en flor; soy el pájaro que canta sobre los tejados de las casas de adobe, lumbre en los ojos que miran al fuego y rezan a la forma sagrada, hostia bendita tomada en la iglesia de mi corazón. Soy el olor de las cuadras y soy también el viejo tintero en el pupitre de la escuela con la estufa de leña. Me veo de niño escribiendo en la pizarra con una letra que casi no entiendo ni yo: “Soy el amor y siempre lo seré”.


Parte de esta narración está sacada del libro “Más de cien caballos sueltos”; ya que ese libro es un diario de todo un año, el texto corresponde al día 23 de junio.


Este tema musical ‘moderno y aparentemente superficial’,  me gusta, hay algo en ese estribillo... Son los de La Oreja de Van Gogh cantando “El primer día del resto de mi vida”.