En camino



En estos dos últimos meses me he pasado más tiempo ‘en camino’, es decir en la carretera, que en la casa en la que vivo; he vuelto a comprobar cómo en los viajes la mente fluye de forma natural; la mente que fluye en los viajes no es ese cerebro pensante que a veces nos machaca en el día a día, se trata sin duda de una mente más ‘benigna’, con mucha menos presión, más llevadera. En los viajes no hacemos otra cosa que sacarnos de paseo a nosotros mismos.

Transcribo ahora de la pequeña libreta que siempre me acompaña:

Los proyectos de una vida feliz los traza el ego, por eso la mayoría de las vidas son pura infelicidad. El ego traza “lo que debería ser”, pero es la Vida la que día a día pone las cosas en su sitio con “lo que es”. El desfase entre lo que debería ser y entre lo que es crea la frustración y por lo tanto la infelicidad.

Parece que pronto se va a inaugurar la Feria del Libro. Escucho a un librero que dice que es necesario leer libros porque éstos te explican quién eres. No exactamente amigo. Si buscas que un libro te explique quién eres, esa explicación siempre se va a llevar a cabo a través de eso que llamamos 'persona' o 'personalidad', es decir una construcción artificial, una impostación, una falsedad. Más que buscar libros que te expliquen quién eres, hazte con libros que traten de explicarte lo que eres. Si buscas explicaciones para lo que eres, éstas te vendrán “desde el ser” y no “desde las formas”, explicaciones que te hablarán de lo eterno que habita en ti y no de lo temporal que siempre es finito y caduco.

La idea de pecado está en la base de eso que llamamos reencarnación. Es porque creo que fui un ‘pecador’ que Dios me castiga repitiendo vidas sucesivas. La reencarnación y otras formas de 'vida postmortem' no son más que una catarata de ideas condicionadas que a menudo solamente nos acarrean despiste y congoja espiritual.

En una carretera secundaria detengo el coche junto a unos árboles que me dan sombra. Paseo un rato mientras el viento me da en la cara, se trata de un viento cálido del sur, viento africano. Cuando llego al coche abro el portátil y leo esta noticia: “Si quieres adelgazar, broncearte y tener más vigor sexual, lo que tienes que hacer es comer chicle”. Al leer la notica percibo una vez más que esta realidad mátrix está dirigida por mentes perversas. Cómo se puede engañar así a la gente. Por si alguien quiere repasar un antiguo apunte hablando sobre el chicle, el apunte fue publicado hace justo ahora dos años.

Voy a media tarde por una carretera muy bonita. Me maravilla el verde de los trigales, inmensas laderas que llegan hasta el valle donde decido parar a descansar. Recibo un mail de un tal Enrique Martínez pidiendo un ejemplar del nuevo libro “Amor a la Vida”. Al ver su dirección completa de correo electrónico veo que se trata de Enrique Martínez Lozano, el místico aragonés y magnífico escritor neo-advaita, maestro de la no dualidad, persona a la que tengo en gran estima; como todo está absolutamente sincronizado, el mismo día por la mañana había encontrado 'de casualidad' este texto suyo que me parece una maravilla. Se titula “La Luz”:


"No se puede prever. Sucede siempre
cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas
por la calle, deprisa, porque se te hace tarde
para echar una carta en correos, o que
te encuentres en tu casa por la noche, leyendo
un libro que no acaba de convencerte; puede
acontecer también que sea verano
y que te hayas sentado en la terraza
de una cafetería, o que sea invierno y llueva
y te duelan los huesos; que estés triste o cansado,
que tengas treinta años o que tengas sesenta.
Resulta imprevisible. Nunca sabes
cuándo ni cómo ocurrirá.

Transcurre
tu vida igual que ayer, común y cotidiana.
“Un día más”, te dices. Y de pronto,
se desata una luz poderosísima
en tu interior, y dejas de ser el hombre que eras
hace solo un momento. El mundo, ahora,
es para ti distinto. Se dilata
mágicamente el tiempo, como en aquellos días
tan largos de la infancia, y respiras al margen
de su oscuro fluir y de su daño.
Praderas del presente, por las que vagas libre
de cuidados y culpas. Una acuidad insólita
te habita el ser: todo está claro, todo
ocupa su lugar, todo coincide, y tú,
sin lucha, lo comprendes.

Tal vez dura
un instante el milagro; después las cosas vuelven
a ser como eran antes de que esa luz te diera
tanta verdad, tanta misericordia.
Mas te sientes conforme, limpio, feliz, salvado,
lleno de gratitud. Y cantas, cantas".




Y me voy cantando, claro que sí. Esto es lo que sonaba ese día en el coche mientras me iba perdiendo por los caminos.