DOCE SOLES (breve historia del que lleva ya unos años firmando libros)

Una fotografía de Francesca Breschi


Doce años hablando en público. Doce años como doce soles. Muchos kilómetros a las espaldas. Muchas curas de humildad. Siempre la vida naciendo. La vida. La vida.

Llevo encima ‘las historias’ de cientos o quizás de miles de personas que me han contado y que me cuentan sus vidas. La historia de esas vidas es un cofre de oro donde se guardan preciosos diamantes. ¿Me pesan todas esas historias? No, no me pesan, más bien todo lo contrario pues ese bagaje es rico y verdadero. Ya no sé quién era yo antes de que todo esto llegara, la verdad es que no lo sé.

En la firma de libros la clave está en escuchar, exactamente igual que sucede en la vida. Cuando estoy escuchando a una persona no hay más mundo para mí que esa persona, todo es esa persona y lo que me está contando. La firma de libros significa para mí atención plena, que no es otra cosa que amor, amor a la vida.

A lo largo de los años, y en sucesivas firmas de libros, ‘he encontrado’ una a una a las personas que ahora mismo están más presentes en mi vida, así que fijaos si son importantes esas firmas de libros.

Sucede en las firmas de libros que algunos vienen buscando a la persona, a este Raúl de carne y 'huesos', pero a todos les digo lo mismo que digo ahora, que esta persona no tiene ninguna importancia; mejor que buscarme a mí en esta apariencia externa, buscadme en todo eso que ha quedado escrito; lo que tengo que decir en realidad ya lo he dicho, y contento estoy de haberlo podido hacer.

Os diré que no es fácil escribir la dedicatoria de un libro. En el pasado he ‘estropeado libros’ por hacer dedicatorias demasiado elaboradas o incluso demasiado ‘brillantes’, ahora las hago más neutras, prefiero incluso ser un poco 'soso' con las dedicatorias dado que el verdadero contenido de lo que quiero decir está en el interior del libro y no en la dedicatoria, y es que en una dedicatoria está siempre la tentación de ser un poco pretencioso. Nunca se libra uno del todo de la vanidad.

De una firma de libros destaca siempre la mirada y la voz de la persona, su escucha, sus preguntas, el cálido abrazo, también las lágrimas; quedo siempre conmovido con las lágrimas, agua preciosa que nace de los corazones puros.



La mujer de la foto es Goya (Gregoria), la lectora de más edad hasta el momento. Ahí la tenéis con 98 años leyendo... ¡sin gafas! Estas son sus palabras: “Muchas gracias Raúl, me gusta mucho tu libro, llego al capítulo 118, algunas cosas las voy pasando porque no las leo bien, pero vuelvo a repetir que me está gustando mucho. Un beso”. Pues un beso también para ti, Pequeña Niña Grande.

Un saludo muy cariñoso a varios enfermos de cáncer que han leído ya el libro "Amor a la Vida" y a otros que ahora mismo lo están leyendo. 


Una música que me ha acompañado en todo este tiempo.