Descubro



Descubro que no hay un yo. No hay un mi. No hay un mío.

En los pronombres no hay ninguna realidad.

Entonces ya no hay nada que proteger. No hay nada que controlar o manipular.

Y si no hay un yo/mi/mío, ¿cómo va a existir un ti/a ti/tuyo?

Al ver que no hay un yo se desvanecen todos los obstáculos. ¡Es tan simple que parece una broma!

La libertad es inexpresable. 

Los pensamientos que resuenan en la mente no son mis pensamientos. No los he escogido. No los he decidido. No los he creado.

Las ataduras del yo/mi/mío han dejado paso a la alegría de vivir.


Dedicado a los hijos del Silencio, atisbos de la Verdad.





Marta Schröeder. “La mirada secreta”.