Cómo un muerto resucita



   Fotograma de ‘Immersion”, una obra del magnífico 
videoartista y místico norteamericano Bill Viola.



El pasado día 5 de abril, Pascua de Resurrección, amaneció en el pequeño pueblo en el que vivo con un cielo azul increíble y con un sol radiante y sereno. La atmósfera tenía ‘algo’ tan especial, tan sublime diría yo, que me pasé las primeras horas de la mañana simplemente ‘contemplando’. Esa cosa magnánima y llena de todo iba en aumento, tal era el júbilo que provocaba en mí que por momentos sentí hasta una cierta incomodidad física, la verdad es que por otro lado pensé también que simplemente serían ‘cosas mías’. 


A media mañana fui a una huerta que nos ha cedido la amable Inés a dos familias de aquí del pueblo. Ese día tocaba sembrar y plantar. Mi hijo pequeño se vino conmigo. Saludamos primero a la burra Pepa y nos dispusimos mi hijo y yo a ayudar a sembrar calabazas, calabacines y perejil; se plantaron también unos manzanos. Allí comenté a mis amigos Cristina y Juan Carlos si notaban algo especial en la atmósfera, me dijeron que sí, que se notaba ‘y mucho’. 

El día iba transcurriendo y yo me sentía lleno de una alegría interior difícil de explicar. Cuando ya caía la tarde salí a pasear después de abandonar un partidillo de fútbol pues noté un pequeño tirón en una pierna. Al poco de comenzar el paseo, junto a un fresno que está justo al lado del cementerio, vino esto en forma de claro discernimiento: TODOS LOS MUERTOS RESUCITAN; TODO EL QUE MUERE ES UN RESUCITADO. Y en ese momento pude ‘ver’ dentro de mi mente cómo de la persona que muere sale un cuerpo en forma de luz. Para resucitar no hay que esperar a pasar ninguna prueba, ningún juicio, simplemente se resucita al morir.

Somos resucitados. Incluso ahora mismo lo somos también. 

Ayer mismo, y en los minutos previos a la presentación del nuevo libro “Amor a la Vida” en Valladolid, la entrañable mística castellana Mari Carmen Rodrigo (nunca te he dicho Carmen lo extraordinaria que eres y lo que te pareces a mi propia madre, incluso físicamente), me contó de viva voz que ella también ha vivido eso mismo y que también ‘ha visto’ cómo el muerto resucita al morir, varias veces le ha ocurrido. “Sí Raúl sí, es preciso decirlo: un cuerpo energético o de luz se ‘desgaja’ de forma bellísima y perfecta del cuerpo físico que muere y en ese momento asciende. Hay seres de luz que vienen a acompañar. Es maravilloso. Dios nos toma. No es que al morir volvamos a la vida pues ya somos vida dado que todo es vida. Al morir simplemente tenemos conocimiento de lo que somos".

No te lo dije allí, pero te lo digo ahora Mari Carmen: al contarme que tú también has vivido 'eso', que tú también has tenido 'esa visión’, me animaste a escribirlo pues si te digo la verdad no pensaba hacerlo, me parecía algo íntimo que de  forma íntima podía seguir viviendo.


Con Mari Carmen Rodrigo.
Una fotografía de Carlos Hernández.